En el comienzo de la temporada 2020/21, el Barcelona ganó 4-0 al Villareal. Como es de costumbre, y a pesar de todo lo acontecido con la dirigencia, Lionel Messi hizo un gol.

Corría el minuto 33 en el Estadio Camp Nou, Ansu Fati tomó la lanza y encaró para el área, trato de desbordar al lateral derecho, Mario Gaspar, pero no pudo, lo derribaron. El colegiado marcó penal para el Barcelona. En medio del silencio de noventa mil butacas vacías, en medio de un escandalo mundial, Lionel Messi agarro la pelota y la apoyó en la marca de los doce pasos. Miró fijamente a Asenjo tratando de no dar señales, el pitido del arbitro se hizo eco. Uno, dos, tres pasos, su pie zurdo acarició la pelota, ¿La dirección? A la derecha del arquero. El número 1 voló para el mismo lado, pero no pudo, el balón se escurrió entre sus manos, cruzó la línea y besó la red. Gol de Messi.

Fue el tercero del partido, el primero suyo en el torneo. Fue primero después del fatídico 8-2, el primero después de todo lo que se lo cuestionó, el primero después de todo el show mediático que ocasionó su «salida». Pero a Lionel Messi no le importa nada de eso, nunca va a dejar a gamba a su amado Barcelona y a los millones de espectadores que prenden la tele para verlo a él. Nunca.

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